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La última vez que escribí por aquí fue hace unos días, hoy ya te escribo desde mi nueva casa. Más o menos ya estoy adaptada a esta familia aunque aún no termino muy bien de conocer a mis humanos e imagino que ellos a mí tampoco me conocen bien. Es cuestión de tiempo de que nos adaptemos todos.

Con los dos niños humanos me llevo de maravilla, no paran de jugar y de reír, es fantástico. También tengo que reconocer que echo de menos a mi familia perruna y también a mis humanos de Jerez, especialmente a Mía, si me estás leyendo, que sepas que me encantaría volverte a ver alguna vez.

En fin… soy muy sensible y se me van a saltar las lagrimas así que mejor te voy a contar como fue el viaje hasta Toledo.

Era Domingo, bastante temprano y Paco fue a buscarme. Como todas las mañanas me dio de desayunar, pero me quede un poco extrañada porque había menos cantidad de comida que otros días y me decía…

– Zahara, hoy menos comida por si vomitas.

Y yo pensé…

–  Si estoy perfectamente como voy a vomitar.

Al cabo de un rato me llamó para que saliera al jardín con mi papá, Sugar, y con mi abuelo, Nicolás, llevaba un poco de tiempo jugando con ellos cuando vi que se abría la puerta y entraba un coche. Paco fue a saludar al invitado y cuando escuche:

– Juan ¿qué tal, cómo estás?

Entonces comprendí que ese era mi Juan y que era la hora de partir. Me puse muy nerviosa, pero cuando me quise dar cuenta Juan me había cogido en brazos y me achuchaba una barbaridad, en ese momento todos mis miedos terminaron porque me sentí muy querida.

Paco se agachó a acariciarme y se despidió de mí con un…

– ¡Qué seas muy feliz!

Acto seguido me subieron al coche, pero justo antes de cerrar la puerta apareció… 😍Mía para despedirse, fue un momento muy emotivo por parte de todos.

De repente el coche empezó a moverse y me puse muy nerviosa y comencé a llorar y Juan con una voz muy relajada me dijo…

– Tranquila Zahara, vamos para casa. Duerme un poco.

Y efectivamente en unos minutos me dormí. Pasadas unas horas abrí los ojos cuando el coche se detuvo. Vi como se abría la puerta y era Juan que me bajaba cogida en brazos para que bebiera un poco de agua y para descansar un poco del viaje. Me dijo…

– Zahara, aún queda para llegar a casa, pero que sepas que están todos deseando que llegues y acto seguido me subió al coche y continuamos el viaje.

Al rato me dio sueño y me quede otra vez profundamente dormida. No se muy bien el tiempo que había pasado cuando el coche se detuvo,  sobresaltada abrí los ojos y escuché voces de niños.

Juan abrió la puerta y allí estaban los que por oídas sabía que eran Mateo y Fabiola junto a su mamá Patricia.

Zahara - La dulce mirada

Los niños hicieron una fiesta al verme, no paraban de jugar conmigo y Patricia me cogió en brazos y me achucho con la misma intensidad que lo había hecho Juan en Jerez.

Y ya soy parte de esta familia, en la que espero ser muy feliz.

En los próximos días iré contando como van siendo los primeros días con ellos.

Te espero en el próximo relato,

Zahara.

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